lunes, 24 de febrero de 2014

SEMANA DE LA JUSTICIA, PAZ Y EL CUIDADO DE LA CREACIÓN. TRABAJOS DE PREESCOLAR
LA VIRTUD DE LA JUSTICIA


Definición y la naturaleza de la virtud de la justicia
La Palabra justicia nos llegan valores perennes que informan la correcta organización de la sociedad en base a la justicia que es fundamento de la paz y la prosperidad. No habrá prosperidad sin paz, ni paz sin justicia social. Dios no nos dejó abandonados ni desprotegidos en este planeta. Su Voluntad manifiesta ha sido el de la equidad en la posesión de la herencia planetaria, territorial y concomitante.
Al hablar de la justicia es importante señalar que se trata de utilizar criterios de igualdad o de proporcionalidad que corresponden a la igualdad o desigualdad de las partes. Las virtudes morales son varias y conexas entre sí. Centrándonos sólo en las fundamentales o cardinales, la primera, guía de todas las otras, es la prudencia, que radica en el intelecto, en cuanto razón práctica. Perfecciona la buena deliberación, por la aplicación de la ley moral general a los casos particulares, y prepara una buena elección y una buena ejecución. La segunda es la justicia, que se inclina eficazmente y de modo estable a buscar el bien de los demás. La tercera es la fortaleza, que refuerza el ánimo para no sucumbir ante los obstáculos que puedan impedir o dificultar la práctica de la justicia. Y la cuarta es la temperancia, que modera los atractivos sensibles, para que no nos aparten del bien de la razón. Y estas cuatro virtudes están de tal manera enlazadas unas con otras, que no es posible llegar a poseer una de ellas, en estado perfecto, sin poseer así mismo las otras, también perfectamente. No se puede ser prudente sin ser justo y fuerte y temperante; y no se puede ser justo sin ser prudente y fuerte..., y así sucesivamente.
El Catecismo de la Iglesia Católica define  la justicia como la “virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido”. (N° 1807).
Por otro lado, la Doctrina Social de la Iglesia define la justicia como “un valor que acompaña al ejercicio de la correspondiente virtud moral cardinal. Según su formulación más clásica, «consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido». Desde el punto de vista subjetivo, la justicia se traduce en la actitud determinada por la voluntad de reconocer al otro como persona, mientras que desde el punto de vista objetivo, constituye el criterio determinante de la moralidad en el ámbito intersubjetivo y social”. (N° 201).
Por consiguiente, las diversas clases de justicia: general, distributiva y conmutativa; la “justicia social”. También se debe advertir que los diversos tipos de justicia no se hallan yuxtapuestos, sino interconectados y dirigidos por la justicia general (que es más amplia que la pura justicia legal). La justicia puede interpretarse como virtud de la voluntad que establece lo justo respecto de todos los seres que se ofrecen al sujeto, ante todo respecto de las personas o de la sociedad. Ésta es justicia objetiva en sentido amplísimo, que atiende tanto a los valores materiales como a los valores personales.
Dentro de las virtudes relacionadas con la justicia tenemos  piedad, gratitud, servicio, afabilidad, liberalidad, etc. Lógicamente, es necesario distinguir el significado que tiene aquí el término “piedad” y, a la vez, aclarar que su sentido más frecuente (vida de piedad) proviene del primero, por la novedad cristiana de tratar a Dios como Padre
Así entendida, es la justicia una actitud abierta a la contemplación de los valores, que cierra la entrada a todo lo que sea contrario a la realidad objetiva y dispone la voluntad a cumplir con todas las exigencias que imponen los valores del propio yo y los del prójimo. Así como la prudencia es la recta apreciación de todas las exigencias y deberes que impone una situación, asimismo es la justicia, virtud de la voluntad que con ella hace juego, la sola que posibilita al entendimiento práctico un juicio que se ajuste a la realidad, o sea un juicio prudente. De este modo la justicia aprovecha el juicio objetivo y el imperio de la prudencia y los realiza sin dejarse engañar por motivos arbitrarios, o sea extraños a la realidad.
De igual modo, la virtud de la epikeia como perfección de la justicia es de hacer notar. Justicia humana y salvación cristiana: la justicia, virtud necesaria para la santidad. De este modo, la justicia es entendida como la más sublime de las virtudes morales. Su centro de energía es el amor de los valores y de la persona. De esta disposición de la voluntad a someterse a las exigencias de los valores depende tanto la prudencia como la fortaleza y la templanza.
Ahora bien, la injusticia y su reparación es gravedad del deber moral de restituir. Al explicar la restitución, es conveniente poner diversos ejemplos que aclaren su noción y necesidad. La justicia como actitud de la voluntad es anterior a la prudencia, más el acto de la prudencia, el juicio conciencial y el dominio de las pasiones deben preceder a la realización de las obras de justicia. La fortaleza y la templanza son virtudes si se elevan a la finalidad moral que les señalan la justicia y el amor, pues de por sí la represión de los apetitos significa poca cosa: la fortaleza y la templanza no revisten, pues, el verdadero carácter de virtudes sino cuando se ordenan a la realización de la justicia.

Objeto de la justicia con la doctrina de la Iglesia sobre los Derechos Humanos

Las instituciones sociales, en cuanto plenamente humanas, reflejan la comprensión que el hombre tiene de sí mismo y la hondura con que vive sus ideales. La espiritualidad del trabajo y del conjunto de las realidades terrenas, condición para el adecuado planteamiento y resolución de las cuestiones sociales, políticas y económicas.
La rectitud en el desempeño de las tareas sociales y el esfuerzo por promover la justicia, elementos integrantes de la espiritualidad del cristiano llamado a santificarse en medio del mundo.
Este tema resume, en cierto sentido, las explicaciones anteriores y las conecta con la lucha por la santidad. Un relieve cada vez mayor ha adquirido en el Magisterio la justicia social, que representa un verdadero y propio desarrollo de la justicia general, reguladora de las relaciones sociales según el criterio de la observancia de la ley. La justicia social es una exigencia vinculada con la cuestión social, que hoy se manifiesta con una dimensión mundial; concierne a los aspectos sociales, políticos y económicos y, sobre todo, a la dimensión estructural de los problemas y las soluciones correspondientes.
El ser humano le otorga sentido al derecho, en cuanto a su dimensión social. Pero para regular la vida en sociedad y las relaciones entre sujetos es indispensable conocer y comprender la naturaleza del hombre para que se pueda determinar el tipo de regulación que brindará el derecho para su vida en coexistencia. La Filosofía de la Existencia basa al derecho en el ser humano, en la perfección que el hombre le ha hecho al derecho en la historia, plasmándose en el ordenamiento jurídico actual, ya que éste refleja los valores de la ideología de los juristas. La justicia resulta particularmente importante en el contexto actual, en el que el valor de la persona, de su dignidad y de sus derechos, a pesar de las proclamaciones de propósitos, está seriamente amenazado por la difundida tendencia a recurrir exclusivamente a los criterios de la utilidad y del tener. La justicia, conforme a estos criterios, es considerada de forma reducida, mientras que adquiere un significado más pleno y auténtico en la antropología cristiana. La justicia, en efecto, no es una simple convención humana, porque lo que es «justo» no está determinado originariamente por la ley, sino por la identidad profunda del ser humano.
El objeto de la justicia es el derecho, debido a que existen derechos, deben ser respetados , pero  también es cierto que el ser justo es un hábito operativo de voluntad o sea es un hábito bueno, lo que significa que ser justo es una virtud, ya que entenderíamos como justicia el dar a cada uno lo que le corresponde .
La constitución Gaudium et spes había enseñado que «la Revelación cristiana presta gran ayuda para fomentar esta comunión interpersonal y al mismo tiempo nos lleva a una más profunda comprensión de las leyes que regulan la vida social, y que el Creador grabó en la naturaleza espiritual y moral del hombre» (7). La moral social asume la racionalidad humana, pero no es una pura ética filosófica, es teología y, por tanto, se sitúa en el campo de la fe y a la luz de la Revelación contempla las normas morales que brotan de la naturaleza humana y hace de ellas una formulación teológica. Es la tarea específica que ha venido desarrollando la doctrina social cristiana, ya que «la Iglesia, en el transcurso de los siglos, a la luz del Evangelio, ha concretado los principios de justicia y equidad, exigidos por la recta razón, tanto en orden a la vida individual y social, como en orden a la vida internacional, y los ha manifestado especialmente en estos últimos tiempos» (8).
De ahí la importante función que la Iglesia cumple en la vida social, y esto tanto a nivel institucional, concretamente en su magisterio, como a través del comportamiento responsable de los cristianos con una conciencia de sus deberes morales iluminada por la fe. Si bien la misión de la Iglesia es de orden religioso, «precisamente de esta misión religiosa derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina»

Principio cristiano de la virtud de la justicia
            La justicia regula la convivencia de la sociedad humana en cuanto humana, es decir, busca el respeto de los derechos personales; tal como lo afirmaba el Beato Juan Pablo II: «es principio fundamental de la existencia y de la coexistencia de los hombres, como también de las comunidades humanas, de las sociedades y de los pueblos» (Audiencia General, 8-11-1978).
El moralista cristiano se acerca a los problemas de la vida social con la mirada puesta en el horizonte amplio que nace del mensaje de Cristo: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y lo demás se os dará por añadidura” (Mt 6,33).
Santo Tomás compara de modo analógico la justicia moral y la justificación que se deriva del Evangelio: “La justicia que nace en nosotros por la fe es aquella por la que se justifica al impío, que consiste en el orden debido de las varias partes del alma”.
 Esta rectitud implica una clara concepción teológica de la justicia. Estamos ante la restauración de la misma justicia evangélica que está en la base de la obra salvífica de Cristo.
Un aspecto de esta virtud atañe a las relaciones con el vecino, con el compañero, con el amigo, con el colega y, en general, con toda persona: la justicia regula las relaciones de los hombres entre sí, dando a cada uno lo que le es debido. Otra faceta de la justicia se refiere a los deberes de la sociedad en relación a lo que a cada individuo le corresponde.
Desde la teología cristiana la justicia es cumplir resueltamente lo que es justo. En este contexto importa tratar la justicia en la perspectiva bíblica, teológica, juntamente con las exigencias que nacen de la Doctrina Social de la Iglesia.
En el Antiguo Testamento, la justicia de Dios aparece ligada a su misericordia. Y Dios es considerado como juez (Ex 23,7), aunque no juzga como los hombres, sino que su justicia se manifiesta en la gracia que otorga a todos y en su fidelidad a la palabra dada a Israel (Dt 32,4).
En el Nuevo Testamento, el concepto de justicia experimenta un desarrollo teológico especialmente en los sinópticos y en las cartas paulinas. En el Sermón del Monte. La justicia se identifica con su reino. El hombre justo es aquel que busca el reinado de Dios en todo el mundo. En las cartas de Pablo la idea de la justicia recibe un tratamiento nuevo y original: en la acción salvífica de Jesús, Dios prueba y descubre su justicia a todos los hombres (Rom. 3,23-26). La justicia es a la vez justicia de la fe y palabra poderosa de Dios. Pablo conoce la justicia como concepto ético; en resumen, uno de los deberes de justicia es el religioso, como dar a Dios el honor que le es debido. De todos modos, no aparece en el NT un concepto unitario de justicia.
En conclusión el objeto propio, de la justicia social es el bien común, como viene siendo afirmado constantemente y el mismo Catecismo recuerda. Es verdad que toda justicia tiene una referencia al bien común, por lo que, efectivamente toda justicia es en algún sentido «social». Pero mientras que la justicia conmutativa y la distributiva ordenan de modo inmediato al bien de la persona particular y sólo de modo mediato al bien común, la justicia social ordena el comportamiento concreto inmediatamente al bien común y mediatamente al bien de las personas individuales.
BIBLIOGRAFÍA

Catecismo de la Iglesia Católica.



jueves, 2 de agosto de 2012

ANTROPOLOGÍA TEOLÓGICA

ANTROPOLOGÍA TEOLÓGICA
¿Qué podemos decir, teológicamente, sobre la creación?
            Cuando se piensa en la doctrina cristiana de la creación, el pensamiento se dirige casi automáticamente al primer capítulo del Génesis, que es también la primera página de la Biblia: el, majestuoso relato-poema que nos narra los orígenes de la realidad creada. La Biblia no se refiere, ni primaria ni exclusivamente, a la pregunta por el origen del mundo y de los seres  que lo habitan. La idea bíblica de “creación”, se expresa con el verbo bara, que denota no sólo la acción de dar principio a la realidad, sino también la acción restauradora (re-creadora) y consumadora de esa realidad. Con otras palabras: Dios crea cuando llama a los seres que no son para que sean, cuando sostiene a las criaturas en la existencia y elige a un grupo humano para que se convierta en su pueblo y rehace la creación degradada por el pecado y conduce esa creación redimida a la plenitud de ser y de sentido que es la salvación.
            Es precisamente este rasgo lo que se subraya en Sb 11,24-26: “amas a todos los seres..., Señor que amas la vida”. La idea de creación implica, pues, una relación de dependencia absoluta de la criatura respecto del creador.
            El Nuevo Testamento aporta a la doctrina bíblica de la creación la inserción en ella del hecho-Cristo, pero sin modificar: la perspectiva: lo mismo que la fe en Dios creador se explicitó en el Antiguo Testamento merced a una reflexión sobre el Dios salvador, de forma análoga el Nuevo Testamento reconocerá a Cristo una función creadora como extrapolación de su función salvadora. Así pues, también aquí la idea de creación está teológicamente subordinada a la de salvación.
            El primer artículo del Credo confiesa a Dios como «Padre todopoderoso» y «creador del cielo y de la tierra» la creación es vista sobre todo, como expresión del amor gratuito: benevolente, del creador, y no como alarde exhibicionista de su poder. Se ha visto ya en la primera afirmación del credo cristiano; es, pues, un misterio de fe.
            Por consiguiente, el valor y la dignidad del ser creado son tales que el mismo creador puede devenir criatura. En verdad, ninguna cosmovisión, ningún lógos filosófico o religioso ha fijado nunca tan alta cotización a lo mundano.

Los relatos de la creación del mundo en el Génesis.
            Dicho cuanto antecede, no extrañará que sólo en una época relativamente tardía aparezca en  la Biblia una reflexión explícita sobre la Idea de creación, y que ésta haya sido precedida por la idea teológica y cronológicamente prioritaria de alianza. Antes de confesar que DIOS había creado el mundo de la nada, Israel reconoció que Dios se había creado un pueblo de la nada es decir, está ya la  fe en la creación en la literatura bíblica del A. T. La doctrina neotestamentaria de la creación, en suma, más que responder a la cuestión de los orígenes, es una toma de postura sobre la cuestión del fundamento y del sentido último de la entera realidad mundana.
            En consecuencia, creado por Dios en la justicia, el hombre, por instigación  del demonio, en el mismo comienzo de la historia, abusó de su libertad, levantándose contra Dios y pretendiendo alcanzar su propio fin al margen de Dios. El hombre, cuando examina su corazón comprueba su inclinación al mal y se siente anegado por múltiples males, que no pueden provenir de su creador bueno es por ello, que al negarse con frecuencia a reconocer a Dios como su principio, rompe el hombre la debida subordinación a su fin último, y también toda su ordenación tanto por lo que toca a su propia persona como a las relaciones con los demás y con el resto de la creación. Pero el mismo Señor vino para liberar y vigorizar al hombre renovándole interiormente y expulsando al príncipe de este mundo, que lo retenía en la esclavitud del pecado.
Reflexión teológica sobre la creación.
            El primer artículo del Credo confiesa a Dios  como “Padre todopoderoso” y “creador del cielo y de la tierra”.
            El hombre ha sido creado en el suelo estepario: es Adán de la adamah. Pero Dios parece querer para él una situación mejor, que la inherente a su status nativo; a tal fin, le prepara, un jardín y lo introduce en él. Varios de los elementos que componen la imagen del paraíso reclaman  nuestra atención, y nos ayudan a descifrar lo que con ella quiere simbolizarse.
            Estamos ante una simple parábola de la condición humana Gn 2-3 sería un relato de carácter meramente simbólico; que  se ha propuesto esclarecer la presente situación humana con una reflexión sapiencial sobre el pasado; el relato tiene carácter etiológico.
            Ciertamente el relato, no describe sólo lo que es inevitable en la existencia humana, sino que narra además la entrada de un elemento nuevo en esta existencia, que la ha cambiado en cierto modo ... El autor inspirado quiere explicar con esta narración el origen de los males que hoy oprimen al hombre.
            El autor quiere afirmar que la experiencia del mal en la humanidad ha tenido un comienzo absoluto...; la prueba de la libertad y el pecado subsiguiente han sido el primer evento, determinante para todos los demás eventos.




jueves, 1 de diciembre de 2011

MEDIADORES DE PAZ

Los Mediadores de Paz

 Definición y Objetivos.
Los Mediadores de Paz, es la asociación que agrupa a los alumnos y alumnas del Centro Educativo y tiene como objetivos y fines:
1.    Promover, difundir y defender los derechos y garantías de los alumnos y alumnas, así como velar por el cumplimiento de sus deberes y responsabilidades.
2.    Promover la participación organizada de los alumnos y alumnas en todos los ámbitos de la vida escolar, entre ellos, las actividades educativas, recreacionales, deportivas, sociales y culturales.
3.    Presenciar y opinar en las deliberaciones de los Consejos de Docentes en que tengan interés
4.    Promover una visión crítica de los propios actos, la posibilidad de asumir los errores junto con el compromiso de reparar actitudes que no promueven la armonía de la vida en común y la capacidad de mediar de manera constructiva, la resolución  de situaciones conflictivas en el aula y en el ámbito escolar.
5.     Cualesquiera otros objetivos o fines que libremente determinen en su Reglamento Interno.

 Integrantes.
Los Mediadores de Paz está integrado por un (3) alumnos(as) de cada sección. Los y las integrantes de los Mediadores de Paz se manifiestan de manera voluntaria  al inicio del año escolar, entre todos los alumnos y alumnas. Durarán en ejercicio de sus cargos todo el año académico.

 Docentes Asesores.
Los Mediadores de Paz serán asesorados por dos docentes, seleccionado por el Consejo Técnico de Docentes.



jueves, 25 de agosto de 2011

JUNTOS CONSTRUIMOS LA PAZ


Vivimos tiempos en que la violencia se está convirtiendo en cultura y hasta nos estamos acostumbrando a considerar que es normal maltratarnos, insultarnos o que, en Venezuela haya más muertos por la violencia que los causados por tragedias naturales o guerras. Por ello, en Fe y Alegría nos comprometemos a trabajar cada vez con mayor ahínco por una educación que cultive los valores de la paz. Paz no significa meramente ausencia de guerra o una vida sin problemas, dificultades o conflictos. Paz significa vivir en un ambiente de respeto, justicia, seguridad, libertad, y tener el corazón tranquilo en medio de los problemas y las dificultades.
Vivimos tiempos en que la violencia se está convirtiendo en  cultura y hasta nos estamos acostumbrando a considerar que es normal maltratarnos, insultarnos o que, en Venezuela haya más muertos por la violencia que los causados por tragedias naturales o guerras. Por ello, en Fe y Alegría nos comprometemos a trabajar cada vez con mayor ahínco por una educación que cultive los valores de la paz. Paz no significa meramente ausencia de guerra o una vida sin problemas, dificultades o conflictos. Paz significa vivir en un ambiente de respeto, justicia, seguridad, libertad, y tener el corazón tranquilo en medio de los problemas y las dificultades.

Sólo los que tienen el corazón en paz podrán ser sembradores de paz y contribuirán a gestar un mundo mejor en medio de tantas violencias, tormentas y problemas.  La lucha por la paz y la justicia debe comenzar en el corazón de cada persona.  Ser pacífico o constructor de paz no implica adoptar posturas pasivas, ni ser sumiso,  sino comprometerse y luchar por la verdad y la justicia. Pero no seremos capaces de romper las cadenas externas de la injusticia, la violencia, la miseria, si no somos capaces de romper las cadenas internas del egoísmo, el odio, el consumismo…, que atenazan los corazones. No derrotaremos la corrupción, que actualmente corroe la entraña de la sociedad, con corazones apegados a la riqueza y el tener; no construiremos participación y democracia con corazones ávidos de poder; no estableceremos un mundo fraternal con corazones llenos de odio y de violencia.

Juntos construimos la  paz con Fe y Alegría y por ello nos comprometemos a cultivar en todos nuestros programas  las competencias esenciales para una sana convivencia:

-Aprender a no agredir ni física, ni verbal, ni psicológicamente a nadie, requisito indispensable para la convivencia social.
-Aprender a comunicarse, a dialogar, a escuchar al otro como portador de verdad.
-Aprender a interactuar con los otros, a valorar y aceptar las diferencias políticas, culturales, de raza, de género,  sin convertirlas en desigualdades.
-Aprender a cuidarse, a cuidar a los otros, a cuidar el ambiente, las cosas colectivas, los bienes públicos que pertenecen a todos.
-Aprender a valorar, la propia familia, país, cultura y religión, y a respetar las familias, países, culturas y religiones diferentes,  combatiendo los dogmatismos, fundamentalismos e intolerancia de quienes quieren imponer una única forma de pensar, de creer, de vivir. La diversidad y el respeto a las minorías son tan importantes como el gobierno de las mayorías. El fanatismo es odio a la inteligencia, miedo a la razón.
-Aprender a desarrollar la autonomía personal, la confianza, el respeto, la responsabilidad, la cooperación y la solidaridad.

En definitiva, construir la paz  supone enseñar y aprender a vivir con, es decir, a convivir, y no a vivir contra, y enseñar a vivir para, es decir a convertir la propia vida en un regalo para los demás.  Por ello, seguiremos trabajando por una educación que enseñe a amar la cultura de la vida compartida, que siembre en nosotros el valor de la fraternidad.

Juntos construimos la paz. Venezuela nos necesita a todos. Es tiempo para el reencuentro y el trabajo compartido para superar juntos los graves problemas que tenemos, entre ellos, el de la  inseguridad, la pobreza,  la corrupción,  la violencia y la ineficiencia. Son tiempos para,  sin claudicar de las grandes utopías de buscar con empeño un mundo mejor para todos, emprendamos los cambios necesarios y   urgentes  que nos resuelvan los gravísimos  problemas de la cotidianidad.  La paz verdadera se asienta sobre las bases de la justicia. Juntos construimos la paz y juntos construimos la esperanza, con mucha fe y mucha alegría.  No permitamos que  nos dominen  el  desaliento y  la desesperanza. Desoigamos los gritos que nos invitan a la intolerancia, el  odio y la violencia. En estos días, más que nunca, cultivemos la sonrisa, la ternura, la amabilidad, el perdón.  Venezuela  tiene un hermoso futuro  de justicia, convivencia y paz. Futuro que debemos construir juntos,  entre todos y para todos. Fe y Alegría apuesta y trabaja por ese futuro.

Antonio Pérez Esclarín

martes, 23 de agosto de 2011

EDUCACION PARA LA PAZ

Educación para la Paz
La paz es el proceso de búsqueda de justicia en los diferentes niveles de relación humana. Este es un concepto dinámico el cual nos lleva a hacer brotar, arrostrar y solventar los conflictos de manera no-violenta, con el fin de alcanzar una concordia de la persona consigo misma, con la naturaleza y con los demás.
La educación para la paz tiene varios enfoques:
  •  Como mediación y solución de conflictos.
  •  Como paz personal.
  •  Como orden mundial.
  •  Como la abolición de las relaciones de poder.
Destrezas
  •  Los alumnos deben trabajar junto con otros individuos y grupos.
  •  Los alumnos deben intentar imaginar los sentimientos de otras personas, en especial a los que son diferentes de nosotros.
  •  Los alumnos deben comunicarse claramente, no de un modo agresivo.
  •  Los alumnos deben ser capaces de analizar los diferentes conflictos y dar diversas soluciones.
  •  Los alumnos deben respetar a los demás.
  •  Los alumnos deben respetar el entorno natural.
  •  Los alumnos deben valorar sueños acerca de cómo podría ser un mundo mejor.
  •  Los alumnos deben estar dispuestos a trabajar por un mundo más justo y pacífico.
ACTIVIDADES
Para educar en la paz se pueden hacer multitud de actividades relacionadas con muy diversos temas y desde diferentes puntos de vista:
 * Desde el entorno inmediato se pueden tratar temas y actividades como:
  • El entorno escolar: buscar dónde y cómo surgen los conflictos y buscar soluciones a ellos.
  •  En la familia: se pueden comparar las familias actuales con las de antes para ver los lados positivos y negativos de cada una.
  •  La ciudad y el barrio: se pueden analizar las relaciones que entabla la gente del barrio, para esto se puede observar el ambiente en los bares, la frecuencia de peleas, las situaciones agresivas,…
  •  Las personas y el medio ambiente: se pueden observar las principales zonas de contaminación y pensar soluciones para evitar este problema.
  •  La televisión: se pueden analizar los diferentes tipos de programas que se emiten por televisión. Si son de violencia, agresivos, educativos, etc., y ver a que hora se emiten cada uno de ellos, para saber si se emiten a las horas adecuadas.
* Desde la educación para el desarrollo, los derechos y la justicia se pueden tratar:
  • La violencia del paro: se pueden entrevistar a parados y se intenta descubrir y comprender su experiencia y las dificultades que les provoca su situación.
  •  Las agresiones de la marginación: se pueden hacer preguntas a diferentes personas como las siguientes:
+ ¿Por qué hay colectivos de personas marginadas, como los gitanos y los trabajadores de otros países?
+ ¿Ellos no son también personas para vivir dignamente?
+ ¿Qué soluciones podemos buscar a su marginación?
* Las relaciones hombre- mujer: reflexionemos por qué en algunos trabajos, solo admiten a hombres y por qué estos en ciertos trabajos ganan más que las mujeres.
* La información: se pueden buscar en distintos periódicos noticias y luego se respondería a las siguientes preguntas:
  • o ¿A qué noticias se les da más importancia, a las violentas o a las no violentas?
  • ¿Salen muchas noticias relacionadas con la paz?
  • El hambre: buscamos en un mapa las zonas con hambre en la tierra e intentamos explicar el por qué de su situación.
  • Los derechos humanos: podemos leer el texto de los derechos humanos y ver si se cumplen en nuestra sociedad y en que medida.
El trabajo de educar para que se desarrolle la paz no es nada sencillo, por eso requiere varios procesos. Pero, ¿por qué educar para la paz? Educamos para la paz puesto que en la sociedad que nos rodea existe un panorama antipacitista, que llega desde distintos medios: como puede ser la televisión, Internet, culturas dominantes… cuyo papel es negativo para el progreso adecuado de la sociedad en torno a la búsqueda de la paz en el mundo y el bienestar común.
Para poder educar de la manera acertada debemos hacer una valoración previa de cuanto nos rodea. Para ello, se debe tratar de ahuyentar las guerras, violencias… y sobre todo iniciar un cambio de valores y actitudes tradicionales, de manera que se elimine los ideales que influyen en el pensamiento negativo y trágico de la sociedad.
Este proceso de educación para la paz a lo largo de la vida ha pasado por diferentes etapas que han tratado de abolir la guerra; aunque estos medios no han resultado del todo eficaces puesto que la guerra aunque ha desaparecido un poco no es del todo, y desgraciadamente todavía no está totalmente expandida la paz en el mundo.
Por eso hay que intentar educar para la paz, aunque la respuesta a esta idea se encontraría con la búsqueda y posterior concienciación de la persona individual y socialmente mediante la armonía del ser humano consigo mismo, con los semejantes y con la naturaleza resultante de la sociedad que le rodea. De esta manera la persona estaría a gusto consigo mismo a la vez que poco a poco va conociendo cada vez más a las demás personas mediante lazos de comunicación, justicia y convivencia.
Y no sólo con las personas es importante que se desarrolle la paz (aunque esto sería la idea fundamental) sino también con el ambiente que le rodea, es decir, que no pretenda modificarlo estableciendo enfrentamiento con los demás.
En definitiva, lo que se pretende educando para la paz es resolver no-violentamente los conflictos personales, sociales y ambientales hasta conseguir la triple armonía: la personal, la social y la ambiental. Este proceso busca un buen crítico deseado y hecho para satisfacer una tendencia humana perfeccionista en la cual se busca no solo la verdad sino el bienestar común.
Fuente: Wikipedia